Religión y Política

 


Nuestras modernidades periféricas viven hoy procesos de desigualdad y fragmentación crecientes donde cohabitan sectores con amplios poderes, ganancias y beneficios junto a otros con cada vez menos posibilidades de vida digna y durable. Las promesas de “mejores futuros” hechos por las clases dominantes tampoco lograron la felicidad ciudadana y asistimos hoy al “desencanto del desencanto”.

La crisis de las prácticas religiosas institucionalizadas particularmente en el seno de la Iglesia Católica– no se relaciona tanto con la desaparición de las creencias sino con un vasto proceso de reorganización y recomposición de las mismas. y con una toma de distancia con las prescripciones oficiales de la institución. Crece una descalificación de los dispositivos oficiales de acreditación del creer. Esta descalificación corroe por dentro las modalidades dominantes de afiliación religiosa a la vez que produce una recomposición de la memoria oficial que favorece reempleos inéditos de un conjunto de referencias simbólicas que continúan siendo operativas, sobre todo, en las celebraciones de los grandes momentos de la vida o en circunstancias colectivas excepcionales o en el surgimiento de nuevos grupos cristianos o en los nuevos lenguajes de la dirigencia política.

Las relaciones entre lo religioso y lo político han marcado profundamente la historia de los pueblos europeos. Para bien y para mal, las estructuras políticas de la religión interactúan, a menudo de incógnito, con las estructuras religiosas de la política, produciéndose una especie de trasvase de las significaciones y los términos políticos a la religión, y de las concreciones religiosas a la política.

Los sistemas religiosos, que siempre son concreciones limitadas y culturalmente determinadas de lo religioso, nunca se dan por satisfechos con la mera dirección de la «vida espiritual» de sus fieles, sino que también anhelan dominar la vida pública mediante, por ejemplo, legislaciones y normativas acordes con sus intereses particulares y grupales. Y, por su parte, lo político, siempre actualizado por mediación de políticas concretas, nunca se da por satisfecho con la simple administración de la «cosa pública», sino que, de una manera u otra, siempre quiere incidir e influir «religiosamente» sobre el foro íntimo de la conciencia de los individuos para administrarla y dominarla.

No se trata, por consiguiente, de una simple presencia de lo teológico-político en forma de mera yuxtaposición de lo teológico, por un lado, y de lo político, por el otro, sino de la co-implicación de ambos.

La preocupación por la muerte, él más allá y la divinidad 

Los seres humanos siempre se han sentido impresionados por los poderes de las fuerzas naturales, atemorizados por la muerte, deseosos de buscar la seguridad o la salvación. Impulsados por estas preocupaciones, se hacen muchas preguntas: ¿Quién creó el mundo? ¿Qué pasa después de la muerte? ¿Tiene algún sentido la vida? 

Las religiones se han encargado de responder estas preguntas. Aunque haya muchas religiones y sean muy diferentes, podemos considerar que todas son testimonio de las preocupaciones del ser humano. Intentan explicar los misterios de la realidad. Proponen modos de salvación. Dan normas para organizar las comunidades, y pueden servir para mantenerlas unidas. 

Mientras que la ciencia se basa en la razón y sus propuestas se pueden demostrar universalmente, las religiones se fundan en la fe de sus seguidores y sus creencias no pueden demostrarse universalmente. Esto da lugar a frecuentes enfrentamientos entre las religiones. Algunas piensan que todas tienen su parte de verdad, y que son manifestaciones diferentes de una misma religión. Otras se consideran fundadas en revelaciones divinas y cada una de ellas se considera la única verdadera

Estado y Religión


A lo largo de la historia, las persecuciones y las guerras religiosas han sido muy frecuentes. Sin embargo, en todo momento las personalidades más espirituales y humanitarias de cada religión han rechazado la guerra y han defendido la paz. Todas las religiones aceptan la llamada regla de oro: "No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti". 

Los problemas surgían cuando las religiones se convertían en poderes políticos. y aspiraban a imponerse mediante la fuerza. En estos casos, las religiones se convierten en religiones de Estado. 

Las relaciones entre el poder político y la religión dan lugar a distintos tipos de Estado: 

Estado confesional: cuando el Estado tiene una religión oficial. Además. cuando la autoridad religiosa determina la vida política en virtud d su credo se habla de Estado teocrático. En la Constitución del Ecuador se lo reconoce como un Estado de tolerancia y libertad religiosa. En la actualidad, hay Estados musulmanes que son confesionales (en ellos, el islam es la religión oficial) y algunos, como Irán, que además es un Estado teocrático (el país está gobernado por dirigentes religiosos). 

Estado laico o aconfesional: cuando el Estado no tiene religión oficial. En el mundo actual, la relación entre religiones es muy estrecha. Por eso, muchos teólogos piensan que no habrá paz en el mundo mientras no haya paz entre las religiones.

La alianza de la religión con el poder político ha producido efectos negativos. Sin embargo, la religión es muy importante para miles de millones de personas, contribuye enormemente al progreso de la humanidad, y mantiene vivas preocupaciones y preguntas esenciales para los seres humanos



Bibliografía

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de la Secularización y la Laicidad, R. de E. de H. (2023). Religión y política: recorridos recientes de una relación compleja. https://www.teseopress.com/debatesredhisel4/chapter/religion-y-politica-recorridos-recientes-de-una-relacion/

Duch, L. (s/f). Religión y política. Fragmenta Editorial. Recuperado el 28 de noviembre de 2023, de https://www.fragmenta.cat/es/producte/religion-y-politica/

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