Primeros Cristianos
La doctrina social cristiana
La doctrina social cristiana es una disciplina que nace de la teología moral y se convierte en materia universitaria particular desde el fin del siglo XIX; asimismo, esa doctrina reconoce los derechos fundamentales del hombre, particularmente el derecho de propiedad privada, así como la sociedad de mercado y el Estado. Según M. Spieker (Naudet, 1997: 38) la finalidad de la ética social cristiana es dar su opinión sobre esos asuntos, respetando la libertad de los hombres y su sana relación con el creador; en ese sentido, la persona deviene el tema más importante; entonces el florecimiento de sus cualidades para la consecución de la felicidad tal que Dios la recomienda es, sin duda, el punto crucial (Naudet, 1997: 37–38). El trabajo, la economía y la empresa, al igual que los hombres que ahí participan deben estar al servicio del objetivo primero que es la felicidad, la dicha; por su parte la práctica de la virtud es la clave para alcanzar la felicidad sobre la tierra y la salvación del espíritu.
La doctrina de la Iglesia social cristiana acepta y justifica los valores universales del hombre y el ciudadano; por un lado, parte de la ética de la felicidad y el goce fundada por Aristóteles y retomada por San Agustín; por otro, parte de la ética de obediencia que uno encuentra en la Biblia; por eso, según Sériaux (1997) la reflexión multisecular de los hombres confirma que sólo existen dos maneras de devenir bueno: por la obediencia y por el goce.
De esta forma, Sériaux en nombre de la doctrina social cristiana abre la puerta para la entrada de la justificación de los valores universales de parte de la religión. Pensamos nosotros que se trata de un nexo particular entre los valores naturales laicos y los valores religiosos que el autor establece de la siguiente manera: él añade que la vida feliz o el bien vivir propuesto por la moral del goce es posible a condición de llevar una vida conforme a la virtud; ésta es entendida como la tendencia fuertemente inscrita en el hombre a la repetición de actos buenos en el uso de su libre arbitrio; en consecuencia, el hombre virtuoso respeta y obedece a lo que le dictan los derechos naturales bajo la promesa del florecimiento sobre tierra y la salvación del espíritu:
Es justamente a ese punto que nos unimos al derecho natural. Éste no es en el fondo que otro criterio de la bondad de nuestros actos, de su carácter virtuoso. (...) El derecho natural nos indica lo que nosotros somos y debemos ser para alcanzar la plenitud de nuestra humanidad, en tanto lo que nos importa, en tanto lo que nos afecta en las relaciones con nuestros semejantes (Aristóteles). Es una ley natural para nosotros tender hacia ese derecho natural. Esa ley no excluye una cierta obediencia, pero ella la supera. (Naudet, 1997: 66, 75)
A partir de La cuestión judía (Marx, 1982c:353–355, 357, 373) comprendemos el carácter histórico y de clase que los valores naturales contienen; también se entiende la brecha que los separa entre su enunciación y su aplicación; mientras que la doctrina social cristiana establece que entre su relación con los valores naturales, la propiedad privada debe elevarse al rango de condición primera de la libertad y la responsabilidad humanas; así, según el Papa Juan XXIII en Master et Magistra:
La propriété privée doit être protégée comme "une sorte de prolongement de la liberté humaine ", comme un fondement d'une existence vécue en responsabilité personnelle et comme une condition de la liberté civique. (Naudet, 1997: 83)
Por su parte, la doctora Averos cree que la doctrina de la Iglesia católica permanece muy general sobre los problemas económicos de la empresa; eso se explica por la esencia y el propósito mismo de esa iglesia (Averos, 1996: 87, 96). La doctrina social de la Iglesia es una categoría en sí, basada sobre principios intangibles e invariables; ella pretende orientar el comportamiento cristiano fundada en la teología moral. Averos agrega, a partir de la encíclica Centesimus agnus de Juan Pablo II (1991), que en el orden económico la Iglesia no tiene una propuesta de modelo económico y social.
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